He escuchado mucho decir que esto o aquello estaba en mi destino. Que Dios o alguna otra fuerza mayor en que creen fuese responsable de lo que el presente les trae. Como si nuestras vidas estuvierean planeadas de ante mano y que no importando lo que hagamos, el destino se cumplirá. El tarot, el horóscopo y otros sevicios astronómicos se encargan de adelantar a las personas irónicamente este destino para que puedan decidir con tiempo como cambiarlo. ¿No creían ya de antemano que el destino es lo que les espera? ¿Que ya no se puede cambiar? Entonce para qué el consejo.Muchas personas han caído supuestamente en las manos de Fortuna y se han quejado ante tal por no haberles dado lo que deseaban. ¡Oh, cuan mala eres Fortuna, te desvives jugando con las vidas de los hombre, les das salud hoy y muerte mañana! ¿Que tal si el destino no existiera, que ni siquiera Dios pudiera saber cual es el final de nuestras existencias? Creo que sería aterrador, pues tendríamos que reconocer que nuestra falta de fortuna es realmente dictada por nuestras decisiones sin futuro.
Me dirían algunos; "Pero Dios ha dicho que el es omnipresente, omnisciente", "Que lo puede ver todo, aun el futuro". Yo les contestaría, que Dios no puede ver el futuro en su totalidad, no sabe nuestros destinos como si fuera una película del futuro. El concepto de que conoce el fin de nuestras acciones se ha distorcionado con la idea de que Dios ve el futuro, y por ende sabe nuestro destino. La teoría de la predestinación entonces ha tomado una fuerza desde sus creadores, y no se ha borrado de la mente de generaciones enteras.
Voy a dar un ejemplo de lo que Dios puede ver y como esto no es comparable a la predestinación. Cuando vemos una nube obscura muy grande y baja, decimos que va a llover, pero hay una probabilidad que no llueva. La información que tenemos sobre el evento es muy limitada para poder acertar en un 100%. Un meteorólogo recibe información aun más detallada que le hace saber en un porcentaje mayor de probabilidad si el evento va a ocurrir o no. Es por eso que escuchamos con atención su pronóstico, pues contiene información y conocimiento mayor. Dios también conoce el pronóstico de nuetras vida en detalle. Eso no significa que el futuro esta escrito, sino que es fácil de saber como va a ser, si tenemos una visión eterna del presente.
Si vemos a nuestro hijo subir a la rama de un árbol alto, sabemos por seguro que es lo que sucederá sino baja próximamente. Se lo advertimos, pero eso no nos convierte en adivinos, sino en comentarista expertos del evento. El destino, ni la fortuna existen, son falacias que hemos aprendido de civilizaciones antiguas como Egipto, Grecia y Roma. Aun mantenemos vivo las tradiciones que para nuestro siglo deberían ser obsoletas.
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